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lunes, 25 de julio de 2016

Maruja Mallo. Rara, radical, rebelde… Y olvidada

© Carlos Cubeiro




«La movida» ha dejado, entre otras cosas, algunas fotos curiosas para el recuerdo. En una de ellas vemos a Andy Warhol, de visita en Madrid, posando junto a una señora que tiene un concepto, digamos, peculiar del maquillaje. Los jovencitos iconoclastas de la época la han adoptado como a una especie de abuelita punk entrañable. Pero a diferencia de la mayoría de ellos, la transgresión de Maruja Mallo va mucho más allá de la fantasía cosmética o indumentaria.

Es una pintora de gran talento, amiga en su juventud de Lorca, Buñuel o Dalí, a la que únicamente su condición de mujer impide ser reconocida como merece. Su arte bebe de varias fuentes y no se casa con ningún movimiento. Los críticos la emparentan con el realismo mágico que pregona Franz Roh, el surrealismo e, incluso, la reivindican como precursora del pop. Su obra, en todo caso, es lo suficientemente rica como para poner en duda cualquiera de estas filiaciones y sugerir otras tantas.

En otra foto memorable—ésta de 1936— la vemos posando junto a Neruda, Altolaguirre, Salinas, María Zambrano o Rosa Chacel, entre otros muchos: se trata de un homenaje a Luis Cernuda al que acude casi en pleno la Generación del 27 (la oficial y la otra).

Desde muy joven, se rebela contra los papeles establecidos y contra el oscurantismo que patrocinan las sotanas en su país. En una ocasión irrumpe en plena misa —en Arévalo, donde ejerce de maestra de dibujo— sin desmontar de la bicicleta, da una vuelta por el altar mayor y desaparece por donde ha venido, dejando a beatas y meapilas al borde del infarto. En el café San Millán es la ganadora indiscutida de los concursos de blasfemias. Porque, como ella dice «aquí la culpa de todo la tiene la jodía mística».

Cuando Maruja regresa a España, a principios de los años sesenta, tras un largo exilio, aún no se ha quitado de encima el horror de la guerra. Teme a las autoridades, por haber sido una destacada intelectual de la república. Pero muy pocos se acuerdan ya de ella.

La guerra la había sorprendido en su Galicia natal, trabajando para las misiones pedagógicas. Aprovecha la cercanía de la frontera para pasar a Lisboa, donde la recibe la poeta Gabriela Mistral, a la sazón embajadora de Chile en Portugal. Deja tras de si una intensa actividad como artista, dibujos en la Revista de Occidente,  exposiciones (una de ellas, en París), así como sendas relaciones más o menos amorosas con Rafael Alberti o Miguel Hernández, a los que deslumbra y con los que colabora. Una invitación para dar unas conferencias en Buenos Aires es el punto de partida de una estancia en Argentina de más de veinticinco años.

En el Madrid de los ochenta, corren algunas leyendas urbanas, como la de que bajo su abrigo de piel no lleva nada. Su  figura sigue siendo más importante que su obra. «El hombre se mide por la soledad que aguanta» , declara Maruja. En la residencia de ancianos pocos imaginan la enorme estatura de esta menuda —en todos los sentidos de la palabra— mujer.

viernes, 8 de julio de 2016

Bocetos para un relato de Leopoldo Lugones

© carlos cubeiro

© carlos cubeiro

© carlos cubeiro

domingo, 12 de junio de 2016

Jacques Brel, raro, radical y rebelde

© Carlos Cubeiro

viernes, 10 de junio de 2016

Cubierta para libro de texto

Nueva cubierta para la serie de libros de secundaria en inglés de la Editorial Santillana.

© Carlos Cubeiro

sábado, 4 de junio de 2016

Ali, raro, radical y rebelde

© Carlos Cubeiro

lunes, 30 de mayo de 2016

El reino de la pobreza. Ilustración para libro de poesía

Ilustración para la cubierta del libro de poemas El reino de la pobreza, de Alberto Manzano.


miércoles, 25 de mayo de 2016

Serratología, ganadora del Junceda 2016 en el apartado adulto, ficción